lunes, 24 de agosto de 2026

#EnMisPropiasPalabras | ARGOS ¿EL MOTOR PARA REACTIVAR CEMENTO ANDINO? (II PARTE)

 Por Javier Lugo

Como lo señalábamos en nuestra primera entrega, el interés del Grupo Argos por retomar operaciones plenas en Venezuela, representa una oportunidad clave que Trujillo debe aprovechar. Si bien durante más de 27 años el modelo socialista satanizó al sector privado, en esta nueva etapa de transición económica debemos entender de raíz que el empresariado no es un adversario, sino el motor fundamental para reconstruir el país.

Por esta razón, consideramos indispensable poner sobre la mesa una propuesta viable y de beneficio mutuo para el país. Si bien es comprensible que el Grupo Argos aspire a cobrar la justa compensación por una expropiación que jamás se liquidó, la realidad financiera de Venezuela es otra: el Estado no está en condiciones de asumir demandas multimillonarias ni de seguir acumulando pasivos internacionales producto del desastre económico heredado.

Aquí es donde la diplomacia económica y el sentido común deben imponerse. El Gobierno nacional tiene la oportunidad perfecta para replantear la estrategia: entregar nuevamente la planta de Cemento Andino a sus antiguos operadores —otorgándoles una concesión operativa por 40 años que les garantice estabilidad jurídica—, a cambio de que Argos renuncie de manera definitiva a sus litigios y pretensiones de indemnización en efectivo. Como incentivo y contraprestación atractiva para concretar esta gran inversión, el Estado podría ofrecer una exoneración fiscal por un período de diez años. Esta fórmula no solo libera al fisco de una deuda impagable, sino que garantiza la reactivación industrial, la generación de empleos y el abastecimiento de cemento que tanto urge en el occidente del país.

Para algunos sectores con mentalidades cerradas o dogmas de izquierda, este tipo de convenios podría ser visto erróneamente como la entrega de un activo del Estado. Nada más lejos de la realidad. Esta alianza representa todo lo contrario: la capitalización real de un activo que hoy en día, tras años de desidia y destrucción sistemática bajo sucesivas administraciones incapaces, no vale un céntimo en su estado actual de ruina y abandono. La Venezuela que necesita reconstruirse exige grandes volúmenes de cemento, un insumo fundamental que no se produce con consignas políticas, sino con inversión, tecnología y gerencia eficiente.

El Estado y los ciudadanos tenemos ante nosotros una oportunidad de oro. No sigamos apostando al fracaso de mantener empresas cerradas y saqueadas en manos de la burocracia. Es el momento de que el pragmatismo económico y el desarrollo regional se impongan.

Nos leemos el próximo lunes.

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