Por Ing. Carlos Lozada
El debate sobre la erradicación del bolívar y la adopción formal de la divisa estadounidense ha retornado al centro de la escena nacional con una fuerza inusitada, impulsado por factores políticos y la desesperación ante una crisis que no cede. Sin embargo, los más enconados defensores de esta medida omiten deliberadamente los riesgos estructurales que entraña, generando una peligrosa ilusión. Ante un escenario crónico de empleos mal remunerados, salarios que no cubren los requerimientos mínimos de calidad de vida y un aparato productivo gravemente destruido —comenzando por nuestra principal fuente de ingresos petroleros—, pretender que la dolarización por sí sola obrará un milagro económico es una irresponsabilidad. Como bien señala Pedro Pablo Fernández, abogado, especialista en políticas públicas y director del centro de formación política IFEDEC, dolarizar sin un andamiaje productivo sólido equivale a poner a competir a nuestra industria de tú a tú con las naciones más industrializadas del planeta, lo cual representa una auténtica locura económica.
Lejos de ser una panacea automática, la adopción formal del dólar sin un tejido productivo competitivo acarrea consecuencias devastadoras que diversos analistas locales no han dudado en señalar.
El economista Hermes Pérez, exjefe de la mesa de cambio del Banco Central de Venezuela y experto en instituciones financieras, ha ilustrado el dilema con una metáfora contundente al calificar la medida como una amputación: "Tienes dos brazos, amputas uno", advierte al referirse a la pérdida absoluta de la política monetaria y cambiaria. Para Pérez, prescindir de las herramientas soberanas de ajuste deja a la economía desarmada frente a shocks externos, inmolando los instrumentos de maniobra del Estado sin garantizar un crecimiento real ni bienestar sostenible.
En la misma línea, el economista Asdrúbal Oliveros ha apuntado que la dolarización formal no representa en la actualidad la mejor salida para el país. Aunque reconoce la profundidad de la crisis cambiaria y los fallos históricos de nuestra moneda, Oliveros advierte que instaurar este esquema de forma rígida es una opción excesivamente drástica que no resuelve por sí misma las distorsiones estructurales de la economía nacional ni se traduce de forma automática en una recuperación del poder adquisitivo de los ciudadanos.
Por su parte, el expresidente del Banco Central de Venezuela José Rodríguez ha sido aún más tajante al calificar la medida como un completo desatino técnico. Rodríguez señala que "la dolarización no encaja en ningún país que aspire a diversificar sus exportaciones" y recuerda que, en el contexto latinoamericano, las pocas naciones que han adoptado este camino arrastran profundos problemas de estancamiento. Para este especialista, atarse rígidamente al dólar bajo el argumento simplista de frenar la inflación condena a la economía al desempleo y a la asfixia productiva, despojando al país de la soberanía monetaria indispensable que todo Estado que se respete a sí mismo debe conservar.
Frente a este panorama, es imperativo evitar los mesianismos económicos y abrir las puertas a quienes defienden la dolarización formal. Invitamos a los proponentes de esta tesis a debatir con rigor técnico, demostrando con argumentos sólidos cómo planean blindar el empleo local, reactivar el aparato industrial pulverizado y evitar que nuestra economía se convierta en un mero mercado de consumo importador sin capacidad de generar valor agregado. La discusión está abierta en Acema Digital: el futuro del país exige luces, datos y verdad, no cantos de sirena.
miércoles, 2 de septiembre de 2026
#DesdeElTrapiche | UTOPÍAS DE CRISTAL: LOS PELIGROS OCULTOS DE LA DOLARIZACIÓN SIN DESARROLLO
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